lunes, 12 de marzo de 2012

Memorias de un loro.

Yo, estaba mascando un pedazo de cacahuete en la copa de una palmera, sobre un coco colgado de una rama, en el zoo de Madrid, en la península Ibérica, en Europa, en el globo terráqueo, en el universo, en la galax...
-¡Calla Roky! ¿No te das cuenta de que eso no le importa a nadie?
Me dijo mi madre tajante.
-De acuerdo ya paro, pero es que soy un loro y eso es lo que hacen los loros hablar y hablar y repetir y también hablar y no nos olvidemos de lo de repetir porque...
-¡Ya lo estás haciendo otra vez!
-De acuerdo ya paro, ya paro!
Son las 12:00, hora de comer en el zoo, y el cuidador de los recintos se aproximaba con un cubo de frutas y pipas.
La gente ya se acercaba al cristal para vernos comer, aunque yo no le veo la gracia a mirar a alguien mientras come pero bueno, si a ellos les gusta.
De repente una oleada de niños de una excursión escolar se abalanzó contra el cristal que nos separaba.
No sé por qué lo hacen pero se parecen a sus parientes los monos.
El cuidador entró por la puerta al recinto y yo empezé a comer sin importarme los flases de las cámaras ni los gritos ni a la gente que les gusta verme comer.
Nunca entenderé ese comportamiento tan primitivo.

Oscar.

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