Una noche de invierno, la luna estaba tapada por las nubes grises y negras. Mis padres salieron a dar un paseo por el pueblo. Me subí arriba a pegarme una ducha. Oía ruidos bastantes extraños, las puertas se abrían y cerraban, haciendo un chirrido agudo, prolongado y estridente. Unas pisadas huecas e imperceptibles hacían sonar las escaleras de mi casa. Las ventanas un lamento largo y crispador, sentía unos escalofríos. De repente, un sonido vibrador hacía temblar mi mesilla, me llamaba alguien para darme un mensaje, era totalmente desconocido el número, le cogí y solo oía una respiración fatigosa y ahogada con un murmullo que me decía: Sal de tu casa viene a por ti...
Algo o alguien quería entrar en mi habitación, se podían oír las ropas de aquello crujir arrastrándolas. Oía unos estremecimientos involuntarios. Tenía un sudor frío, temblaba.
El cuarto de enfrente estaba muy oscuro, vi una sombra impenetrable. Despavoridamente pegué un grito agudo y vi a la sombra acercarse, más y cada vez más cerca.
De pronto, pude sentir su aliento tocando mi rostro. Gracias a Dios tuve la suerte de no morir ya que aquella sombra llevaba un cuchillo dispuesto a apuñalarme. Me salvé gracias a un pequeño objeto, un despertador, ya se que suena raro pero es la verdad. El despertador lo tiré con tanta fuerza que la sombra desapareció sin dejar rastro alguno.
Pero aún por las noches me atormenta con sus pequeños murmullos y respiraciones fatigosas y llamadas de móvil desconocidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario